Teniendo en cuenta que en un principio la planta del pie del niño es plana (puesto que el arco plantar todavía no se ha desarrollado), que su empeine es alto y que sus deditos son cortos y gorditos es importante procurar calzarlo correctamente, puesto que unos zapatos inadecuados podrían provocar malformaciones que después se habrían que corregir. Se podría definir el zapato ideal como aquel que por su flexibilidad facilita el movimiento del pie al andar, el que su puntera es lo suficiente ancha para que puedan moverse los pies libremente y el que sujeta el pie de forma cómoda estando fabricado con materiales naturales que permiten una buena transpiración.
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Dependiendo de la edad del bebé existen varios tipos de zapatos a saber: para los más pequeños (recién nacidos y bebés en sus primeros meses), para los que ya gatean, para los que dan sus primeros pasos, y para los que ya caminan. Todos ellos tienen unas características diferentes aunque en general deben tener una característica en común: ser cómodos, buena calidad y diseño y que ofrezcan una buena aireación.
La primera y principal norma que los padres han de tener en cuenta en el momento de comprar los primeros zapatos es el que nunca debe sacrificarse la comodidad por la de unos zapatos bonitos.
Es evidente que el bebé no puede avisarnos en el caso de que sus zapatos le queden pequeños y le molesten, puesto que los zapatos son tan flexibles que sus pies se adaptan al tamaño del zapato.
Durante el verano (momento en que el calzado pasa a ser más abierto) es importante procurar que todo zapato se adapte adecuadamente al pie del niño (con cordones o velcro en el empeine). Por otra parte es también importante el evitar aquellos zapatos confeccionados con materiales sintéticos (puesto que impiden que el pie pueda transpirar normalmente) y optar por aquellos materiales naturales tales como piel, algodón tela etc.













