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Aunque es importante en la preparación del biberón por parte de los padres el llevar acabo una serie de consejos o normas (lavarse bien las manos, correcta esterilización del biberón y las tetinas , cantidad adecuada de la leche en polvo etc. ) la elección del tipo de agua a utilizar para su preparación, a pesar de parecer que no tiene importancia, en realidad si la tiene.
Aunque puede utilizarse agua del grifo una vez hervida durante solo un minuto si estamos a nivel del mar e ir aumentando otro minuto cada mil metros de altura sobre tal nivel (con objeto de evitar el excesivo aporte iónico que tiene lugar al hervirla durante más tiempo), muchos padres utilizan agua mineral envasada durante los doce primeros meses de vida (puesto que al no ser necesario hervirla se disminuye la manipulación en su preparación) y luego continúan siempre con la misma para cubrir sus necesidades hidricas del niño.
En estos casos se recomienda que se tenga en cuenta que su concentración en minerales sea inferior a la composición considerada ideal (sodio menor de 25 mg/l, calcio de 25 a 100 mg/l, nitratos menor de 25 mg/l y fluor menor de 0,3 mg/l.) puesto que cantidades superiores a las anteriores establecidas podrían dar lugar en los niños, por sus delicados riñones, a ciertos riesgos (sobrecarga renal).
Así pues es conveniente que en las aguas envasadas utilizadas en la preparación del biberón y en el consumo diario se tenga que en cuenta que su concentración sea lo mas débil en minerales.
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Normalmente una vez preparado el biberón puede guardarse en la nevera unas doce horas antes de que lo consuma el bebé. Ahora bien, guardar el resto del biberón medio consumido no es aconsejable (si bien existe un máximo de unas dos horas).
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Se entiende por “revisión neonatal” aquellos exámenes que lleva a cabo el pediatra en las 24 primeras horas de vida del neonato y de nuevo antes del alta de la madre de la clínica u hospital.
En tal revisión se evalúa globalmente el estado físico y neurológico del recién nacido para así comprobar el normal funcionamiento de los distintos órganos de su cuerpo y detectar precozmente malformaciones aparentes (cardiacas, renales, displasia de cadera, etc.) que pudiera presentar.
A los treinta días del nacimiento (o durante el primer mes) es conveniente llevar a cabo otra revisión para detectar aquellas alteraciones no presentes o visibles en los primeros exámenes.
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Ese entiende por vínculo a la estrecha relación que se genera entre la madre y su hijo. El vínculo puede generarse con tan solo el contacto directo, la mirada etc.
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Los “andadores “(conocidos como tacatás) son aquellos dispositivos cuyo objetivo principal es ayudar a caminar al bebé y ofrecerle cierta autonomía para así satisfacer su curiosidad.
Ahora bien, contrariamente a lo que su nombre indica, el andador no ayuda al niño a aprender a caminar ya que no ejercita los músculos ni las caderas y el hecho de apoyar sus pies y mover las piernas de manera inadecuada imprime en la marcha un ritmo anormal que influye negativamente sobre su desarrollo motor. A todo ello hay que añadir que el andador tampoco estimula al niño a moverse por su propio pié pues sus ruedas le permiten cubrir distancias en muy poco espacio de tiempo y cualquier desnivel o impulso contra cualquier saliente, mueble o puerta puede llegar a volcarlo. En otras ocasiones el niño se escapa con tal facilidad que no hay tiempo de acudir de manera rápida en su ayuda para poder pararlo. Por todo ello no se recomienda su uso.
Ahora bien si a pesar de todo ello los padres lo utilizan, es preciso tengan en cuenta que su uso debe ser restringido y controlado bajo una estricta supervisión. He aquí algunas recomendaciones:
En cuanto al andador:
En cuanto a su uso:
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Se entiende por “lesiones por sobrecarga” aquellas que no están causadas por un golpe o una torsión (lesiones agudas) sino que por la acumulación de microtraumatismos sobre los tejidos. Los errores en los entrenamientos en los adolescentes (en cuanto a su duración intensidad o frecuencia), la técnica inadecuada, las anómalas anatómicas no detectadas, el equipamiento (calzado o vestimenta o el entrenamiento insuficiente e inadecuado ) suelen ser factores que influyen en su aparición.
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