Al escoger la “ bañera” hay que pensar en primer lugar que se adapte al espacio disponible de la casa (en lo referente a su tamaño) y el que sea cómoda (en cuanto a su utilización) por parte de la persona que va a bañar al bebé (la madre, naturalmente). Es deseable a la vez que sea de polipropileno (plastico que garantiza la higiene), indeformable y estable en su estructura. Por lo que respecta a su forma es preferible que ésta sea forma anatómica puesto que de esta forma se facilita que el bebé adopte la posición sentada reduciendose el peligro de resbalar. Toda bañera debe tener un agujero de desague en el fondo de la misma.
Existen varios tipos de bañeras en el mercado y de entre ellas hay que señalar las siguientes:
- En forma de “cubeta”. Esta bañera suele ser de material rígido y con fondo antideslizante debiéndose tener la precaución (por lo que respecta a su estabilidad) de que debe apoyarse sobre una superficie plana y firme. Una variante de la misma es aquella en forma de cubeta cilíndrica donde el bebé puede permanecer en posición fetal.
- Otro tipo de bañera es aquella “hinchable y a la vez plegable” de gran utilidad en caso de que el espacio de la casa sea reducido o para viajar
- Otras bañeras se adaptan “ a la bañera grande” apoyandose directamente sobre su borde o mediante un soporte especial para ello.
- Las bañeras con “estructura de apoyo” se acompañan de un soporte plegable (en tubo de acero o aluminio) y con patas que pueden frenarse.
- Existen otras bañeras conocidas como “bañeras con cómoda incorporada” que ofrecen una triple función puesto que llevan además un cambiador en su parte superior y una cómoda incorporada para guardar ropa, juguetes, útiles para el baño etc..
- Otro tipo de bañera es la denominada “bañera cambiador tijera” que combina una cubeta con patas (plegables si se desea) y un cambiador abatible o plegable encima (tipico dos en uno).
En todos los casos las bañeras constan de tapón o tubo de desagüe con un sistema adecuado para garantizar tal función.
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La “fiebre” (elevación de la temperatura por encima de la considerada normal) es uno de los motivos más frecuentes de preocupación y de consulta pediátrica por parte de los padres, siendo considerada como una respuesta o mecanismo de defensa del organismo ante una situación anormal. Se define también como fiebre cualquier temperatura que supere los 38.7º C.
Es alrededor del octavo mes (aunque también puede ser en el séptimo mes de vida del niño o al cumplir el año) el momento en que el niño siente el deseo y la habilidad de desplazarse a cuatro patas (etapa que durará unos tres meses) y el girar sobre si mismos (de un lado a otro) lo que se conoce como gatear. Cronológicamente el gatear es el primer movimiento que los bebés llevan a cabo, sin embargo no todos los niños gatean puesto que algunos pasan de ello y se ponen directamente de pié y empiezan a andar. Es curioso el hecho de que los niños parece ser inician el gateo unas dos a cuatro semanas antes que las niñas.













